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No hay luz ni final del túnel

 Por Raúl Dellatorre
La batalla es política. Es una batalla de ideas. En un mundo en crisis, y una crisis que se ha ido profundizando y convirtiendo en social y política, Argentina y la región juegan la carta fuerte de instrumentar políticas que van a contramano del pensamiento dominante. Y no pueden darse el lujo –ni cometer el error– de ir solos. Esta semana se congregaron en Buenos Aires dos encuentros académicos de carácter internacional para debatir sobre la crisis mundial, las características de la etapa para América latina y los dilemas que presenta el futuro. Funcionarios de primera línea del Gobierno expusieron allí las respuestas dadas en materia de política macroeconómica y plantearon su diagnóstico. Defendieron los instrumentos y los explicaron como pocas veces lo habían hecho antes –si es que hubo alguna vez anterior–, señalando que el propósito es anticiparse a consecuencias más graves que podrían derivarse de la crisis mundial. Encontraron el consenso de importantes pensadores heterodoxos del mundo y algún cuestionamiento a la forma en que se aplican las medidas de parte de expertos locales. Un debate tan útil como imprescindible, teniendo en cuenta, como allí se dijo, que lo peor de la crisis todavía está por venir.
Los encuentros en cuestión fueron las Jornadas Monetarias del Banco Central y el VI Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, del Cemop y Madres de Plaza de Mayo. Economistas poskeynesianos y marxistas, provenientes de universidades estadounidenses, europeas y latinoamericanas fundamentalmente, compartieron decenas de debates con especialistas y militantes populares, discutieron, denunciaron, coincidieron y principalmente evaluaron las consecuencias de políticas que llevan a repetir las mismas respuestas a situaciones de crisis (ajuste fiscal), pero con beneficiarios conocidos de antemano.
Dos experiencias aparecen claramente confrontadas cuando se trata de analizar las respuestas a la crisis: la europea y la argentina. De la primera, quien más claramente expresó el cuadro de situación fue Alberto Montero Soler, economista de la Universidad de Málaga. Según su diagnóstico, “el euro, en sus términos actuales, no tiene futuro y, o bien nos preparamos para salirnos de él al menor coste posible o esperamos a que colapse porque las posibilidades de que la política europea dé un vuelco que permita enmendar sus errores de diseño me parecen cada día más remotas”.
El especialista español señaló, además, que ni a Alemania le resulta ya conveniente mantenerse en el euro. “Sostiene una situación de privilegio en virtud del gran superávit comercial que tiene con el resto de la Eurozona, pero por la crisis en estos países ese excedente es cada vez menor. Entre los países con políticas de ajuste duras, como España, Grecia, Portugal, Irlanda y en menor medida Italia, y los que tienen políticas de ajuste un poco más moderadas, como Francia, el 66 por ciento de la población de la Eurozona está en estado de depresión. Evidentemente eso va a ir progresivamente contagiando al resto, por la alta interdependencia entre ellos. El colapso es inevitable.”
Casi todos los académicos e investigadores que visitaron Argentina para estos eventos –varios de ellos participaron en ambos– reconocieron “estar mirando a América latina” como materia de estudio imprescindible para entender qué resultados puede tener la aplicación de las políticas de contención del gasto público. Pero la región no vive exclusivamente de contar sus experiencias pasadas: también debe afrontar las consecuencias actuales de la crisis.
“El impacto de la crisis es inevitable –relató Carlos Tomada, ministro de Trabajo–, la discusión pasa por el modo y la intensidad que puede tener el impacto, y la respuesta tiene mucho que ver con el modelo productivo y sociolaboral. Argentina está en condiciones de resistir, defendiendo el empleo y los derechos logrados, que permitieron la inclusión social de 11 millones de personas en los últimos nueve años.”
Mercedes Marcó del Pont, presidenta del Banco Central, que expuso en ambos encuentros, detalló algunos de los ejes centrales de la actual política económica, que serán los pilares para atravesar la etapa que se viene:
- A diferencia de otros países de la región, con modelos de “metas de inflación”, Argentina aplica una política de intervención cambiaria que le permite administrar, vía Banco Central, el valor interno (en pesos) del dólar. Eso le permitió evitar la apreciación nominal (que el valor en pesos del dólar cayera), como ocurrió en los países vecinos (Brasil, Chile, Uruguay). “Hubo apreciación real (el dólar subió menos que la inflación), que no es lo mismo que apreciación nominal, en términos de competitividad del sector productivo, sobre todo si por detrás están subiendo los salarios y mantienen el dinamismo del mercado interno.” Es decir, se mantuvieron los incentivos de demanda para los sectores productivos.
- Argentina alejó de su horizonte inmediato el problema del estrangulamiento externo. La política de acumulación de reservas más desendeudamiento redujo a una proporción insignificante la cantidad de deuda exigible (de terceros) respecto del PIB: alrededor del 10 por ciento. Pero para seguir garantizando el proceso de acumulación y distribución del ingreso había que atender el problema de la fuga de divisas hecha por los propios argentinos para atesoramiento. En los últimos cinco años esa fuga acumuló 81 mil millones de dólares, y tan sólo en el último año representó el 4,2 por ciento del PBI. “Esto es riqueza y es excedente económico que se sustrae del proceso de acumulación y distribución.” Las medidas cambiarias dispuestas para desdolarizar la economía y el ahorro “es un desafío” que el Gobierno sostendrá como pilar central de su política.
- La nacionalización de YPF parte de la misma lógica. Resolver el problema del autoabastecimiento energético mediante el control estatal, evitando una dependencia externa que iba a requerir una cantidad creciente de divisas. Junto con la anterior, reseñó Marcó del Pont, “dos decisiones importantes que se anticipan a los problemas que podrían haber ocurrido si no se abordaban oportunamente”.
- La redefinición del rol del Banco Central, “tema tabú en la discusión de la economía mundial”, en el ámbito político y académico. A partir de la reformulación de la Carta Orgánica, se logró salir de “esa visión chiquita de objetivo único” de velar por la estabilidad monetaria. La actual política “logró reconciliar la estabilidad monetaria y financiera con la economía real”, es decir promover al mismo tiempo el crecimiento y el empleo, y obligó a volver a discutir la participación del sector bancario en el proceso de desarrollo y la necesidad de recrear el crédito.
Desde la perspectiva y diagnóstico del gobierno argentino esta crisis, que empezó focalizada en una perturbación en el sistema financiero, fue evolucionando hacia una crisis de deuda soberana en los países centrales, a los cuales se responde con políticas de austeridad fiscal que han terminado convirtiéndola en una crisis política y social. La propia evolución desenterró las raíces más hondas de la crisis, que tienen que ver con un modelo económico que alentó la creciente desigualdad, la concentración económica y el retraso en la posición de los trabajadores en la puja por el ingreso y como factor movilizador de las economías. Y todos esos síntomas ahora se ponen de manifiesto en los países centrales.
La perspectiva es que la crisis se prolongará, planteando sorpresas desagradables y permanentes desafíos. Argentina adoptó un camino inverso al recomendado por los organismos internacionales, desafiando el “saber convencional” del sector dominante. Como señaló la titular del Banco Central, el país seguirá recibiendo malas calificaciones de las agencias evaluadoras de riesgo, tarjetas rojas y amarillas del Fondo, críticas a sus políticas monetarias y de comercio exterior. Pero se prepara para tiempos todavía más difíciles, utilizando los instrumentos recuperados y ambicionando recuperar otros.
Además, convoca a especialistas a debatir sobre esta crisis de profundidad inédita, pero de alcances todavía desconocidos, y buscar alternativas, caminos para transformaciones más profundas. Todo un desafío.

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