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Torturaron a un camarógrafo que documentaba torturas.




Año 5. Edición número 232. Domingo 28 de octubre de 2012

El cineasta Mario Verón, trabajador de la Comisión Provincial por la Memoria, grabó un video en la comisaría donde murió Christian Domínguez, en La Plata. Tiempo después, fue torturado en la misma dependencia policial.
Cuando subió al taxi en la casa de su hermana para volver a la suya, en la madrugada del domingo, Mario Verón no tenía razones para sospechar que iba a terminar golpeado, con un borceguí tatuado en la cara, en un calabozo de la comisaría 1a de Berisso. Su hermana vive en esa localidad que limita con La Plata y el río, y supo recibir inmigrantes, industrias mercantes y frigoríficos. Otra parece la historia actual, al menos la de su policía: en una celda de la misma seccional fue torturado y asesinado, en febrero de 2005, el joven Christian Domínguez. Eso quedó probado en el juicio oral que terminó el mes pasado, con penas muy leves para los policías involucrados, a pesar de que simularon la escena de un suicidio. Por ese azar tan inoportuno, que llama a la suspicacia, el propio Verón había estado hace dos meses en esa comisaría: filmando, como documentalista de la Comisión Provincial por la Memoria, la pericia judicial ordenada por el Tribunal Oral durante el juicio por la muerte de Christian. Algunos de los policías que estaban aquella vez presenciaron lo que esta vez le hacían: algo que la Comisión por la Memoria (CPM) denunció como “tortura, privación ilegal de la libertad y amenazas”, y que llevó al Ministerio de Justicia y Seguridad a pasar a disponibilidad a dos de los policías que participaron de la golpiza. El viernes, el Consejo Deliberante de Ensenada se pronunció con un repudio unánime.
Según la presentación de la CPM ante la Justicia platense, Verón viajaba en un taxi cuando lo detuvo un retén policial a la altura del Puente Roma, camino a Ensenada. Le pidieron documentos; él revolvió su bolso y no pudo encontrarlos. El policía se lo quitó, Verón lo recuperó y trabó las puertas del taxi identificándose desde adentro del coche: dio su nombre, número de documento y domicilio. El taxista le exigió que bajara. El agente, ante la peligrosidad manifiesta de un documentalista, pidió refuerzos. Llegó otro móvil del que bajaron dos policías. Lo esposaron. Mario les dijo que trabajaba en la Comisión. Fue peor:
–Me importa dos bolas que trabajes en derechos humanos –dijo uno.
Lo empujaron contra el patrullero y después al suelo embarrado. Llovieron patadas y trompadas “en ojos, cara y cuerpo, me apretaron la cara contra el piso con un pie calzado con botas”, contó en la denuncia. Lo detenían, le dijeron, “porque no quería identificarse”. Ya en la dependencia siguieron las humillaciones: lo desnudaron y le dijeron que mostrara “el interior de mis nalgas” durante cinco minutos. Después, cuando entregó sus pertenencias, encontró el documento. Lo mostró, pero siguió detenido.
Desde los calabozos escuchó los quejidos de un pibe. Pidió ir al baño, y pudo verlo muy golpeado. Tal vez fue uno de los siete pibes que sólo ese día la comisaría detuvo por Averiguación de Identidad (AI), la figura que reemplazó a la derogada Averiguación de Antecedentes (AA). Ello consta en el sumario administrativo de la propia policía: fueron secuestradas del libro de la comisaría siete actas de AI con fecha del sábado. “Ese pibe iba golpeado, pero yo no supe quién era”, dijo Verón a Miradas al Sur. “Sólo me dijo que lo llevaban a la comisaría de Los Talas.” La comisión pidió en el escrito, entre otras medidas, que se investigue quién era esa persona y se la cite a declarar.
Al cierre de esta edición, había avanzado más el sumario administrativo de Asuntos Internos que la investigación judicial. El jueves, Verón declaró en AI, donde le dijeron que habían pasado a disponibilidad a Marcelo Fabián Toledo y Susana Gómez de la Vega. La prensa platense consignó que fue el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Guido Carlotto, quien gestionó el apartamiento de los policías. Pero Toledo y Gómez de la Vega son quienes lo frenaron en el retén, y aún no fueron identificados quienes lo golpearon ferozmente. Verón, en tanto, afirmó que podría reconocerlos a todos.
“Si se atreven con un pibe de clase media como yo, que trabajo en un lugar como éste, que les queda a los pibes de la barriada”, dijo el documentalista, sabiendo de lo que habla. No es la primera vez que hostiga y mata la policía de Berisso.
El otro torturado. Christian Domínguez, un joven de 30 años, fue detenido el 5 de febrero de 2005 por la Brigada de calle de la comisaría 1ª cuando había ido a denunciar el robo de su campera. Fue alojado en la celda de contraventores y apareció colgado con su cinturón. La versión de la los policías Luciano Principi, Germán Cernuschi y Víctor Gómez, acusados de “torturas seguidas de muerte”, y del ayudante de guardia, Leandro Antonelli, imputado por encubrimiento, fue que Domínguez se había ahorcado. Pero los 26 detenidos que había esa noche en la dependencia declararon que lo estaban golpeando, que el joven pedía que llamaran a su padre o a su madre. La segunda autopsia hecha por peritos judiciales –la primera, de la perito policial, había confirmado la versión policial, aunque luego fue apartada y encarcelada unos días– determinó que Domínguez había sido estrangulado y que murió “a causa de un síndrome asfíctico compatible con la acción de terceros”.
Amenazas y golpes. No fue el único caso de violencia esta semana en La Plata. Cristina Ventura es una militante del Movimiento de Liberación Carlos Mugica. Además, es fundadora y presidenta de la ONG “Ser sí mismos”, un hospital ambulatorio para pacientes con problemas neuropsiquiátricos. Hace diez días, empezó a recibir llamadas a sus teléfonos: “zurda de mierda”, “cerrá el hospital”, advertían.
El lunes fue con dos abogados de la Secretaría de Derechos Humanos provincial a hacer la denuncia en la UFI 9 de La Plata, Fernando Cartasegna. Esa misma noche, cerca de las 20.30, cuando salía de su casa a la verdulería, fue abordada por dos hombres grandotes, que le pegaron una trompada que le provocó la quebradura del tabique y un traumatismo de cráneo, y la patearon en el suelo:
–Zurda de mierda, dejate de joder con lo que estás haciendo.
“Por eso nosotros lo vinculamos con su militancia actual y con su militancia histórica, y hacemos responsable político al ministro Casal”, dice a Miradas al Sur Eduardo, un compañero de la agrupación. “Nuestra compañera fue desaparecida por la CNU, en esa ciudad, salvando milagrosamente su vida”, decía el comunicado que hicieron circular en la semana. Eduardo había estado con ella toda la tarde ese lunes, y la llevó en su auto hasta la fiscalía, donde le dijeron que fuera a la DDI. “Tuvimos que pararle la hemorragia nasal, porque había perdido mucha sangre”. Según su relato, desde la Secretaría –donde se comunicó inmediatamente–, le sugirieron que fuera a la Comisaría 4ª. Allí le tomaron la denuncia sobre las agresiones, pero desde la fiscalía donde constaban las amenazas, todavía nadie la llamó a ratificarla.

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